Aquí está Vortex. Con este relato participamos en un certamen asturiano. Imagino que aún quedaran errores pero es difícil revisar 10 páginas sin fallo, mucho más que medio folio. Pero este es el problema de no tener potentes correctores o un editor. La idea y el desarrollo del relato no ha cambiado, simplemente se ha corregido ortográficamente, se ha mejorado la puntuación, la gramática y se ha reordenado sintácticamente.
Siento que puedo mejorar, me gusta la idea pero creo que el desarrollo de esta historia se encuentra un poco atascado en varias ocasiones. En todo caso este relato pertenece al comienzo de mi creación.
Seguimos.
Siento que puedo mejorar, me gusta la idea pero creo que el desarrollo de esta historia se encuentra un poco atascado en varias ocasiones. En todo caso este relato pertenece al comienzo de mi creación.
Seguimos.
VORTEX
“La dura jornada de trabajo había finalizado y ya solo tenia ganas de regresar a casa. Era el único aliciente que tenia en su ajetreada vida. A veces, el camino de vuelta al hogar se hacia si cabe más pesado que la propia jornada laboral. Mismo vagón, mismo autobús, mismos lugares y misma gente. Un pequeño vortex dentro de un gran vortex, día de la marmota, solo dentro de la multitud.
De vuelta a casa nadie esperaba, ni siquiera un perro que le destrozara las cortinas. Basura en la puerta y nada para cenar. En ocasiones, le apetecía charlar con alguien mientras tomaba algo, pero desde que perdió esa posibilidad desapareció el apetito y eso que ya había adelgazado 10 kilos en un mes. La soledad era total, preocupante y demasiado familiar.
-Se pierde el paso del tiempo cuando no hay esperanza. Esta ciudad no es la mía y me siento muy triste. Incluso intimidado. Pero prefiero jugar en terreno neutral a hacerlo de visitante. Yo me entiendo ¡Parece mentira que no haya nada para mí en este lugar! Todo el mundo tiene su sitio, su espacio. O eso parece ¿Que hago si no me gusta bailar, ver tele, Internet, la música o tantas otras cosas más? No me gusta estar solo y lo estoy. Esta claro que uno no siempre elige su destino. Entonces, y con estas divagaciones, solo quedaba convertirse en un acróbata del sueño y entregarse a los brazos de Morfeo…
El sueño le arrebató bruscamente de los brazos de su realidad y le estrelló contra la violencia más dramática. Desde ese momento, todo se tiñó de rojo y negro. El miedo atenazó sus piernas y aunque hacia por caminar, no avanzaba. Escuchaba sollozos constantes en su cabeza pero no sabia de donde venían. Había caído en lo más profundo del dramatismo. Cambió levemente el panorama y cayó en el centro de la noche, en un lugar lleno de niebla, calima y humedad. Ahora si caminaba. No tuvo tiempo para pensar que dirección tomar, por lo tanto solo siguió al frente. El camino picaba en cuesta y el frío era cuanto menos interesante, muy bruto. Tuvo por un instante la capacidad de pensar si estaba soñando, pero el terror le sobrevino de golpe cuando, caminando, observó sus piernas ataviadas con el mismo pijama con el que se acostó. Algo extraño pasaba con su vida. A lo alto del repecho en el que se encontraba, se atisbaba un cartel. Quedaba claro que no conocía el lugar. Sin embargo, las indicaciones de aquel cartel si le resultaban familiares. Se sorprendió. En ese mismo lugar y en ese mismo instante se hizo la luz, siempre de rojo, pero esta vez ligeramente tenue. La luz de un coche que cruzaba la carretera aceleró de golpe y le envistió con certeza y brusquedad. Cayó de bruces al suelo. Pasó un minuto y no tuvo opciones de ver la huida del auto. Sintió escalofríos pero tuvo la gallardía de mirarse de arriba abajo para comprobar con estupor que no tenía piernas. Se mareó y cayó inconsciente, pero el dolor no le dio tregua…
Aterrizó nuevamente de golpe en un lugar totalmente desconocido de una manera un tanto forzosa. Largo túnel y dos aceras, en el medio aguas fecales. Quería andar, pero nuevamente no podía y eso que había recuperado sus piernas, lo que le dificultaba el paso en esta ocasión eran unos inmensos grilletes que prácticamente crujían sus tobillos a cada intento de dar un paso.
Quien sabe como habían llegado allí, pero ahí estaban. Cayó de rodillas exhausto por el esfuerzo con la mala suerte de acabar su boca justo al lado de un trozo enorme de excremento. Estuvo más de una hora vomitando. No obstante, una fuerza extraña le impulsaba por lo que una vez más logró levantarse de una manera estoica. Con fuerza, intentó arrastrarse hasta un saliente que pensó podría encaramarle hacia una posible trampilla que quizás le diese la salida. Cuando tocó aquella manija, una rata gigantesca del tamaño de una ballena irrumpió del agua, le encajó un mordisco en la mitad de su cuerpo y lo engulló hasta la nuez dejando su cabeza sobrevolar hasta una alcantarilla enorme que daba al exterior. La testa tardó varios segundos en caer por el impulso sin saber donde iría a parar hasta que irremediablemente cayó. Al hacerlo, un extraño acto de magia, contorsionismo o brujería le devolvió su cuerpo y con su pijama, dato este importantísimo. Eso sí, los signos de dolor y de cansancio eran sin duda muy ciertos…
Y continuó el proceso. Esta vez se vio en lo alto de las almenas de un castillo. El color del paisaje había fluctuado y en este momento tan solo era gris. Por un momento, recordó el respeto que le infundaban estas construcciones. Volvió a mirarse hacia abajo y descubrió que se había orinado. Al menos sintió calor pero algo había de extraño, olía demasiado mal. Poco a poco, comenzó a fundirse, el mismo se había envuelto en ácido. En segundos, había desaparecido de la superficie, sin dolor, sin gritar. Su orina no era tal, sino un disolvente muy potente. Pero seguía sintiendo…
Entró en una espiral de colores. Increíble contraste que hizo que se quedara ciego. Ya no sabia donde estaba, no veía... De repente, una voz le gritó al oído…¡¡¡¡¡MIEDO!!!!! Pero no se asustó. Siguió caminando y escuchó más…¡¡¡¡¡TE QUEDA POCO!!!!! No quiso parar y cambió el paso…¡¡¡¡¡DAME LO MÍO!!!!! No pudo más, se doblegó y cayó nuevamente produciendo un horrible chasquido al impactar sus dientes contra los adoquines. Lloró y lloró inconsolablemente mientras se tocaba la cara…sus dientes habían cambiado de lugar, quizás pensaban que en el suelo estarían mejor. No quedó ahí, empezó a soltar sangre a borbotones por su traquea, mientras que sufría arcadas y descomposición material que le haría perder una vez más el conocimiento.
Pero una vez más despertó. Y al parecer era el mismo lugar. Si que lo era. Recuperó la vista y le impactó una luz de quirófano en el rostro. Sintió un tremendo pinchazo en el abdomen y pudo entender rápidamente que le estaban operando sin anestesia… ¿Operando? Sintió que le habían rajado de arriba abajo, miró a su derecha para comprobar que una calavera le había extraído un pulmón, después lo engulló y salió corriendo. No pudo levantarse.
Por fin tuvo un momento de paz. Parecía dormido pero no lo estaba. Andaba en un viaje astral. Primero despegó suavemente, casi con gusto, para después de llegar muy arriba caer de golpe como empujado por una fuerza espacial. Esta vez si gritó, pero al llegar a la superficie, escarmentado, puso primero los pies.
Pasó al lado de un espejo y comprobó que ya no era él, aquel era un tipo más bien moreno y también más guapo, si. Pero sentía que era él. Si, en su complejo era la persona que siempre quiso ser. Aquella persona hacia las cosas con seguridad. Pero tampoco estaba en un ambiente positivo. Había un olor montaraz, a azufre…y sentía que estaba lejos, muy lejos. Al fin, vio a alguien después de tanta soledad. No podía apreciar la silueta, solo una sombra negra que parecía tener un rostro muy blanco. Aquella figura caminaba como encorvada, pero a gran velocidad, cargaba un utensilio que desde su posición no podía apreciar. En esas, apareció otra figura, se cruzó con la oscura sombra de la carita blanca y en el lance salió ilesa. Esta otra figura si se apreciaba con claridad. Era una mujer preciosa que andaba vestida con un encanto especial. ¿Que sentido podía tener? Quizás era la mujer con la que siempre soñó. O quizás aquella amiga de la infancia que murió súbitamente hace dos meses y con la que se había ido a vivir el último año y que cada vez le atraía más. No lo se, pero desapareció de repente. La primera sombra se le acercó, el utensilio era una guadaña. Joder. Le miró, pero pasó de largo, no le hizo aprecio. No era su hora. Al menos, en este lugar, no le pasaba nada.
Quedaba más. Su vista le sorprendió nuevamente con algo si cabe más impactante aun: su hermano. Hacia 6 años que no le veía y estaba igual, apretó a correr para abrazarlo ¡Por fin una alegría! Como un ciclón la muerte apareció con la misma guadaña y antes de abrazarse cortó la cabeza del muchacho que acaba de aparecer en escena...
En este instante, y sin saber como, se vio caminando con un inmaculado traje blanco precioso y de una sola pieza por una playa desierta. Esta vez, sentía un dolor inmenso por la pérdida de algo, aunque no sabía bien el qué. Por primera vez, pensó en lo que estaba sucediendo desde que cerró los ojos buscando nada más que un poco de descanso. Estaba dentro de un vortex brutal y violento que no sabía si era sueño o realidad. No podía creer que lo diría o que lo pensaría pero justo en ese momento echó de menos su vida habitual. Si, esa estancia triste y vacía ahora no le parecía tan mala. Entonces miró su muñeca y comprobó que aún conservaba su reloj, aquel indicaba que llevaba 20 días fuera ¿Entonces no he muerto?
Hasta en la muerte hay descanso y este parecía uno de ellos. ¿Pero realmente había muerto? No creo, no se puede sentir tan fuerte estando sin vida… ¿Y un sueño? Jamás había vivido algo así. En esas andaba cuando se vio observando un día gris a través de una ventana. Quería cambiar la vista pero no podía, solo podía mirar al exterior. Con todo lo que había vivido hasta el momento fue curioso pero fue justo en este momento cuando sintió el miedo mas agudo de todo su extraña reciente vivencia al ver acercarse una extraña nave. Venia dejando explosiones y nubes de fuego por todo su recorrido aunque realmente estas eran bombas que estallaban con una violencia inusitada. Salió de una puerta exterior y solo acertó a correr. Cuando al fin cambió la vista, vio otra nave extraña. Y al volver a correr en otra dirección, otra nave más…y todo bajo la banda sonora de baterías antimisiles. Era el terror de la guerra, uno de sus mayores traumas psicológicos. Y era una guerra diferente. O no. Sólo que no lo había vivido, no sabía como era. No había cobijo, no había salida…no llegaba a morir en está experiencia pero sentía algo incluso peor: miedo, incertidumbre…En un momento dado, dejaron de sonar los disparos y el sonido se convirtió en música celestial para sus aturdidos oídos…
El silencio quedó roto de forma gradual. Ahora escuchaba gemir a una mujer que realmente parecía estar muy cerca. Tanto que estaba encima de él, estaba haciendo el amor. Vaya. Pero desapareció y volvió a sentir un dolor terrible. Era la mujer más bella que había visto en su vida y lo mejor es que era suya. Lo peor fue es la había perdido también sin saber como.
-Dios, nunca encontraría otra igual, pensó atormentado. Pero en un lugar desconocido la volvió a ver.
-Tranquilo. Le dijo.
-OK. La abrazó como quien ve su salvación al final de un túnel. Con todo olvidado se sintió muy bien e intentó seguir hablando. Creía que lo hacia al menos. Si, realmente lo estaba haciendo pero aquella mujer no contestaba. Que desespero.
-Oye…oye ¿Estas ahí? Dios. Su grito se desvanecía en la inmensidad… Aquella hermosa mujer se volvió a desvanecer.
-¡Si estoy solo! Pero volvió a aparecer entre sus brazos. La alegría no duró, ya que aquella estrella fugaz convertida en soberbia hembra esta vez adoptaba una extraña reacción tirando de sus piernas hacia abajo.
-¿Que haces? Seguía haciendo fuerza.
-¡Para! No pudo soportar su peso y se le cayó. Se arrodilló frente a ella y comprobó con dramatismo que aquella mujer yacía ya sin vida…
No quedaba tiempo para pensar en nada más. Las emociones se servían calientes y no daba tiempo a que se enfriasen en el plato. Ahora se vio de niño. En esta situación tenia memoria y lo que recordaba es que había llovido mucho. Estaba jugando en un descampado, con las manos quitaba barro de la superficie y encontraba texturas de papeles apelmazados. Cada vez el agujero se hacia más y más grande hasta que irremisiblemente cayó por él. De nuevo volvió el olor a azufre, lo sintió en ese instante. El cancerbero le salió al paso.
-¿¿Donde vas?? Preguntó con voz grave y tosca.
-No se. Respondió con una curiosa mezcla de miedo y pasotismo.
-Pasa. La mitológica criatura no bacilo ante su presencia.
Tomó el camino sin saber donde le llevaría de forma contundente, aunque bien es cierto que su caminar era lento y temeroso. El cancerbero le impresionó, la leyenda cobró vida, pero no era la única: allí también había momias, trasgos, orcos, vampiros, etc. El camino llevaba a Satán, este sólo le dijo hola y se marchó, pero volvió.
-Ah, y no escarbes la tierra. La voz del Demonio retumbaba la estancia. Se sintió con fuerzas para responderle y le dijo:
-Si solo soy un ni…Pero no, acabó prematuramente su frase, el no era un niño, era aquel mismo hombre que recordaba y así se marchó.
Echaba de menos no ver a su amigo de la infancia con el que hablaba amenudo por teléfono, pero la distancia era tal que por el momento no podían encontrarse. Sin saber cómo, el consiguió venir en ese instante. Ya hablaremos cuando nos veamos, le dijo. Pues hoy era ese día. Bajó de su coche y sin mediar palabra su amigo le pegó tal puñetazo en la cara que le rompió la nariz. Nuevamente no pudo hablar pero si que acertó a conectarle una hermosa patada en el esternón al amigo que hizo que este cayera fulminado al suelo. Entonces aquel se levantó y le atizó un punterazo en la rodilla, la que sabía que tenia maltrecha desde pequeño, con rabia inusitada. Le repelió la agresión con un brutal cabezazo en la frente e hizo que una vez más, desapareciera de este lugar…
Salio de allí con memoria y con más dolor. No sabía por qué le pasaba esto, pero no llegaba el final de y ya no tenia ni fuerzas para llorar. Siguió viviendo amenazas que no podía recordar, luego asesinatos sobre gente que amaba, entes con formas monstruosas, tragedias, encuentros de fútbol en los que partían sus piernas, naufragios en alta mar, cayendo de un rascacielos, sufriendo atentados colectivos… pero para todo hay un final y este acabó llegando de forma espontánea. Sonó un despertador muy lejano al principio pero que luego atronó su oído.
-Ah ¿Pero estaba dormido? ¿Donde estoy? Sintió angustia y alivio a la vez. Pues nada más y nada menos que donde siempre. Aquella decoración trasnochada, la misma mesita de madera roída, el goteo eterno de la cisterna, la tos del vecino del lado… hogar, triste hogar. Recordó gran parte de lo sucedido… ¿Sucedido? Era solo un sueño.
-Me parece que tendré que empezar a quererme un poco más, al igual que a mi vida. ¿Quien soy? Alguien anónimo, como mi historia. Al menos soy feliz de no tener que preocuparme, solo de vivir. Y lo más importante, mi mente me ha dado una lección. Una lección para no quejarme nunca más de lo que tengo. Siempre hay algo peor y yo lo he visto, varios ejemplos, lo he visto pero no lo he vivido. Parecía que se convencía con toda esta serie de divagaciones positivas que pararon de golpe al ver su pierna izquierda bañada en sangre…”
Louis de Poudereux































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