No suelo hablar así de mi mismo pero FORMIDABLE relato el que me acabo de sacar de la chistera. En esta ocasión estamos hablando de una historia nueva que se encuentra calentita y recién sacada del horno. Con ella saludamos a la Navidad de una manera... muy personal. Este relato participa en el Certamen de relatos navideños de la Editorial Fergutson. Podéis ver el relato si pincháis aquí. Si encima me votáis ¡¡¡El doble de gracias!!!
Al buen comer, llaman Sancho

Rogelio cayó justo en el centro de un nuevo planeta. En primera instancia no pudo definir la imagen estándar del nativo, pero poco a poco se iría haciendo una idea de que el coco no carburaba fino en este lugar…
Su percepción variable del tiempo le hizo pensar que los días eran muy cortos y que envejecer aquí era un castigo ineludible. Con una capacidad de psicoanálisis digna de un aclamado mono de circo, definió en poco más de 11 meses y 7 días que los seres que poblaban este planeta se movían a impulsos, aunque bien diseñados y delimitados, y que al menos si parecían divertirse.
En determinados periodos de tiempo sintió mucho frío para en otros sentirme básicamente congelado, sin duda su composición genética le estaba jugando una mala pasada en este chabacano lugar. En este momento se encontraba dentro de uno de esos pasajes de congelación térmica en el que después de una serie de esas porciones de tiempo conocidas como días, el personal andaba preparándose para un hecho fascinante y único: el nacimiento del niño Dios. Rogelio no podía entender esto. Al poco de llegar aquí, también se celebró ese registro único ¿Entonces que tenia de único y excepcional si se repetía cíclicamente? Ante la imposibilidad de poder albergar tanta inteligencia en su desgastado disco duro decidió luchar por descubrir quién era ese Niño que por lo que había oído tenía más de 2000 años.
- No será difícil - Pensó convencido Rogelio. Hasta ahora solo he visto individuos con 80 o 90 años como máximo. Este Niño tiene que tener un aspecto cuanto menos diferente…
Rogelio se frotaba las manos. En solo tres periodos de experiencia omicronica había podido extirpar los misterios mas insondables de este satélite: que el planeta se llamaba Mundo (como un canal de sustancia trasparente al que llaman río y que está en la provincia de Albacete), que se celebraba una extraño rito anual en el que sucedían un compendio de avatares tales como el nacimiento de ese Niño, que se acababa un año (esto aun no sabía que era) y un día en el que la gente pegaba una especie de pastillas, a las que llamaban dinero y que se intercambiaban entre unos y otros a cambio de enseres, en el suelo para partirse lo que viene siendo toda la caja a costa del más pardillo de la colonia cuando ese desgraciado intentaba despegarla de la superficie sin éxito. Por último, y no por ello menos importante, que en un país llamado Inglaterra los habitantes conducían por la izquierda. Más tarde concluyó que Inglaterra no era un país, sino un extraño satélite separado de la zona terrenal por un canal lleno de esa sustancia transparente al que la gente llamaba agua.
-Precisamente y por otro lado, dicen los nativos que este es el líquido elemental y que mismamente ellos están formados por un porcentaje elevadísimo de este producto. Lo beben sin cesar y parece que les gusta, pero puedo asegurar que tiene un sabor un tanto recalcitrante y lo digo a sabiendas, ya que hace medio periodo de experiencia omicronica, y aprovechando mi merecido descanso estival, le pegue un buchito a la playa de Calella y me quede con muy mal sabor de branquias. - Comentaba Rogelio orgulloso de su increíble sabiduría. Rogelio simplemente tenía alma de Showman ¡Cuantos beneficios pierde Antena 3 contigo por no saber encontrarte!
Y en este ciclo conocido del Niño, del cambio de año y de los bromazos es cuando Rogelio más sufría para fijar la imagen del lugareño. En determinados momentos, los mundianos (si son del mundo serian mundianos, pensaba) se ponían chilabas y se montaban en otros mundianos con jorobas siguiendo la estela de un motorrini (estrellas para nosotros), en otros, se reunían grandes cantidades de mundianos para en sus chabolas devorar otros congéneres menos favorecidos (desde luego que eran antropófagos), alzar la voz hablando de un juego llamado fútbol (aquí hay un mundiano llamado Cristiano Ronaldo que parece luchar por gobernar el mundo con otro habitante llamado Leo Messi) y hablar mal de otros mundianos que no están [sic].
Algo elevaba a Rogelio en estos días sin saber realmente lo que le pasaba. Se emocionaba al ver mundianos chiquititos correr detrás de los mundianos de las jorobas, la bruma de este intransitable planeta se hacía más tierna y lo que a veces era intolerable ahora tan solo era llevadero. Una especie de mobiliario urbano al que conocían como arboles florecía en este periodo del año dando como fruto una serie de enredaderas que se iluminaban parpadeando. A veces hasta interpretaban soniquetes. Esto le hizo pensar a Rogelio que esos árboles no eran muebles y que tal vez también eran mundianos. A Rogelio le gustaba esto, pero sin duda lo que más deseaba de este periodo omicronico era la cajita de cartón que le regalaba el mundiano jefe que le daba labor en el taller mecánico del barrio: ¡¡¡La cesta de navidad!!!
- ¡¡¡Muchas gracias, Paco!!! - Gritaba emocionado cual chiquillo.
Tú sí que sabes, bribón ¡¡¡Bienvenido y Feliz Navidad!!!
Tú sí que sabes, bribón ¡¡¡Bienvenido y Feliz Navidad!!!
Louis de Poudereux































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