Subir a Inicio
Louis de Poudereux on Facebook

15 noviembre 2009

El tipo que no sabía dormir

Un relato que es un drama. Os aconsejo que lo leáis, no puede dejar indiferente a nadie.

EL TIPO QUE NO SABÍA DORMIR


“Nació a los 4 meses y medio con la edad de 3 años. Increíble pero cierto. Tenía los ojos abiertos como platos y unas pupilas grandes y negras que parecían dos piedras de un kilo cada una. Nació cansado, le costaba moverse y apenas respondía a los estímulos. En principio el bebe no era bebe, así que era ya un niño. Le bautizaron a los 80 días de nacer con el nombre de Sandro Juliano. Otra desgracia. La verdad es que el niño montó en cólera y se negó a recibir las aguas, pero allá enfrente de la pila bautismal estaba el padre midiendo la capacidad su encuerado cinto, lo que le hizo rápidamente cambiar de opinión y recibir ese “bonito nombre”. Y como todas las personas que tienen un nombre feo o muy repetido se ponen un mote o diminutivo, pues Sandro también lo hizo y se hizo llamar Juli. Más feo todavía, encima se prestaba a todo tipo de bromas:
-¡Torero!
-¡Julita!
-¡Julitros!
Una pena. Pero el tiempo pasó y el chaval era aplicado. Tuvo que ir rápido a la escuela, ya que nació con tres años, pero no le costo adaptarse. Era la delicia de profesores, por admiración, y de compañeros, por interés a la hora de tenerlo como compañero. Aparte de su fealdad Olímpica y de su adelantada edad, todo marchaba como la seda. Aún así, sus padres sufrían en silencio, soportaban el calvario de comprobar que el pequeño no dormía ni a la de tres. Ni por la noche ni por el día ni después de comer ni en el paseo. El pediatra lo achacó a miedos o a falta de concentración, y que quizás seria cuestión de tiempo pero lo cierto es que el niño seguía sin dormir, estaban apunto de conocer la mayor desgracia en la vida de Juli: no sabía dormir. Llegaba la noche y no cerraba los ojos, no caía en los brazos de Morfeo… tremendo. Al principio incordió llorando y gritando, aunque rápidamente entendió que los demás no tenían culpa de su pesar para acabar simplemente pasando la noche mirando al techo. Llegó a ser algo aburridillo, pero luego todo eso cambiaria. Lo cierto es que cuando nació descubrieron que tampoco sabia respirar, afortunadamente eso con el tiempo lo aprendió, de una manera rara eso si, ya abría la boca con todas sus fuerzas, aspiraba profundamente y soltaba el aire por la nariz para acabar rojo como un tomate. Con el tiempo consiguió disimularlo y acabó por notársele poco, pero en lo de dormir no había forma. En todo caso supo aprovecharlo, al no dilapidar la mitad de su existencia durmiendo, comprendió que tenia que utilizar todo ese tiempo ocupándolo en cualquier tipo de actividad que enriqueciese su mente y conocimiento. No fue difícil, de su mente fluyeron infinidad de ideas que le otorgarían posibilidades de superación y de conocer aún mas misterios de un mundo que se le abría de par en par como el libro más interesante que nadie pudiese leer jamás. En otro orden de cosas cabe decir que el chaval era bastante listo, aunque no muy trabajador, ya que a mitad de tarde estaba muerto de cansancio por falta de sueño y acababa vegetando o reptando por el suelo el resto del día. Por todo lo demás había que reconocer que si discurría con facilidad y que era una persona diligente de mente privilegiada. Gracias al Señor, quizás con falta de ego no podría haber sobrellevado lo que tenía encima, su personalidad hacia que mantuviese equilibrado su complejo Ying Yang. No obstante, aún había más, tampoco podía hacer grandes paseos o ser cartero, andar tampoco se le daba bien. Al principio esto fue un trauma, sin embargo, con 10 años inventó una silla de ruedas que le permitiría desplazarse el resto de su existencia sin tener que poner los pies en el suelo. La silla era una maravilla, tenía todo tipo de gadgets y brazos, cada uno con una utilidad: el bacín, el brazo cocinero, el sujetalibros, el ventilador… así hasta casi un centenar de ellos. Cada vez que tenía una necesidad inventaba uno. Aún así, algunos sueños no los pudo saciar con sus maravillosos inventos. En muchas ocasiones, se detenía a ver el televisor y escuchaba gente cantar, veía a otros ir detrás de una pelota, comprobaba como un hombre y una mujer se podían amar… Todo aquello frustraba a Juli, aunque él pensaba que algo podría hacer para sentirse mejor. Más tarde concluyó que para paliar sus necesidades debía obtener resultados que los demás no igualarían jamás. Sólo así podía sentirse diferente, especial. Sólo así alcanzaría algún día la excelencia.

El tiempo pasaba y ya con sus 15 años estaba en 3º de magisterio, y es que ya llevaba tiempo haciendo dos cursos por año. Había escrito 4 enciclopedias, 53 libros, 17 guiones de cine, sabía 6 idiomas y ya estaba matriculado en psicología. Pero no todo era de color de rosa, quien no se reía de él, le miraba extrañado o como si hubiese visto al Anticristo, esto era si cabe todavía más incomodo que cualquier desgracia. La intolerancia humana a lo desconocido es brutal. Aparte de todo esto, Juli seguía impasible su vida. Llegó a un punto en el que consiguió mitigar su cansancio y aprendió al menos a reposar, pero sus dolencias eran cuantiosas y crecientes. No tenía amigos ni pareja ni nada por el estilo. Su aspecto era muy extraño: sus ojos seguían igual de abiertos o incluso más que antes, tenia el pelo lacio, sin brillo, algo largo y castaño tirando a claro, su piel era blanca como la leche y sus piernas de un tamaño minúsculo. Aún así, Juli era un ser vivo como otro cualquiera y sin duda el también tenía sentimientos y sueños en su mente, eso si, nada material, nada sentimental… solo poder dormir.

Con 20 años, Juli parecía ya una persona de mediana edad, aparentaba al menos 40. Además de muchos meritos personales y de otras distinciones, había acabado dos carreras y sus conocimientos empezaban a ser ilimitados. Era una delicia mantener una conversación él, sabia de todo, conocía cualquier detalle… era un autentico experto de la sabiduría. Programas de televisión, prensa y demás medios supieron de su existencia y llamaron a su puerta para sacarlo en sus espacios, pero él era un tipo reservado, no se sentía orgulloso de lo que ellos querían hablar, por eso y dentro de lo posible quería permanecer en el anonimato. Lo que si era habitual para Juli eran las visitas al medico, en ese momento investigaban si su caso podía ser una enfermedad. Y así fue, tuvo la mala suerte de ser el primer caso de un nuevo síndrome: el mal de Brodderick. Aquello hizo sumirlo en una poderosa depresión. Su familia intentaba consolarle diciéndole que ya había convivido con ello durante 20 años, y que la casualidad de conocer que él fuese el primer y único afectado en padecer esa extraña enfermedad no era motivo para sentirse aún peor, pero era en vano, el no escuchó a nadie, se sentía un bicho raro, un ser diferente.

Decidió cambiar, no quería compadecerse más o pensar en ello. Quizás en ese momento es cuando pensó que había llegado la hora de vivir, su filosofía y personalidad se lo permitía, por lo que agarró al mapa, tiró por la calle del medio y empezó a recorrer el mundo en soledad. Los viajes suelen ser enriquecedores y así lo sintió: vivió cosas diferentes, conoció gente, lugares, sensaciones…y lo más importante: se conoció así mismo. Quizás con esta experiencia ganó todos los años que la naturaleza le quitó. Su ausencia se prolongó y durante todo ese tiempo no volvió a casa, pero a la postre todo tiene un final y el motivo de su retorno no fue otro que la añoranza a su familia. Sus padres y hermanos le echaban de menos, al fin y al cabo ellos eran su verdadero sentimiento de cariño y amor en la vida. Volvió ilusionado, decidido y con sus problemas asumidos. Con la filosofía aún más mejorada y fuera del entendimiento de cualquier otra mente humana, desarrolló unas ganas y una ambición fuera de lo común, abordó nuevos proyectos para creerse lo que era: una persona más. Su estancia en otros lugares le había sido reveladora. Así transcurrieron sus años más felices, iba y venia, se insertó socialmente, aprendió a sonreír (tampoco sabia) y descubrió cosas que no están en los libros. Mas tarde, elaboró una tesis en horas libres sobre el sueño, el sueño como ilusión. Divagó sobre que no hace falta dormir para soñar, él soñaba a diario y no había dormido jamás. Aquello fue toda una declaración de intenciones: soñaba con los ojos abiertos. Esa era su moraleja.

El tiempo seguía castigando su cuerpo y su alma. Con 30 años, y una edad real de 60, tuvo que dejar el trabajo en el que estuvo los últimos 5 años. Desde ese momento descanso a diario, paseaba, leía, charlaba… pero su capacidad creativa cesó de golpe. El tiempo pasaba a toda prisa y más aún para él. Nada era justo y tampoco era momento de pensar en un milagro, el envejecimiento es inapelable y para Juli era simplemente un suceso, una desgracia, algo totalmente inaceptable. El criterio y la sabiduría de su mente quedaron con el contador a cero. Como si hubiese sido premeditado, realizó un repaso a su existencia y se sintió orgulloso de si mismo. Se había reinventado como persona, demostró una capacidad de superación encomiable y comprendió que todo en la vida no se podía tener. Desde aquel momento, se le borró el disco duro. No volvió a leer, no estudió, ya no cultivó mas su mente, había entregado su cuerpo a una jubilación merecida y al ensanchamiento del alma. Desde aquí, Juli fue otro, miró al horizonte y desarrolló una nueva capacidad: la de descansar con la sensación de dejar todo bien atado. Un buen día, recostado en su mueble-cama, sintió una sensación nueva. No le dolió, pero sintió que sus hasta ahora inútiles parpados le pesaban más. Su cuerpo se relajó por completo y se sintió en paz consigo mismo. Por solo un momento llegó a alterarse, algo extraño sucedía, pero no avisó a nadie. Comprendió que algo irrepetible estaba por llegar y quería vivirlo en intimidad. Por un instante vio cercano su sueño, parecía como si se estuviese durmiendo… por fin y por primera vez, sus ojos se cerraron y alcanzó el paro completo de su cuerpo y mente. Había cumplido su sueño: se había dormido para no despertar nunca jamás.

Louis de Poudereux
Esperando Contenido Widget ...