
Sangre, sudor y fuego
Presa de los nervios, acude con prestancia al balcón para asomarse y observar como se desarrolla el ambiente. Después de desgastar la agenda, de visionar videos, de navegar por sitios briosos y de restregarse con las paredes de la casa, decide empezar a sisear a todo el que pasa por la calle. El instinto había quedado claramente atrofiado y llegaba el momento en el que daba igual 20 que 80. Mientras observa con descaro a varios chicos que charlan en la calle, empieza a notar como una liviana gota de flujo resbala por su piel escapando por la braguita. Se pregunta si nadie tiene hambre aquí nada más que a la hora de cenar y decide devorar las páginas del diario deteniéndose en la sección de contactos. No sabe si se azara por deseo, por los precios o por enfermedad. Se le devoran las ganas, no escucha el teléfono, adelgaza, suda, se olvida de sus obligaciones, se marea…
-Yo antes era alguien normal.
Louis de Poudereux































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