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Louis de Poudereux on Facebook

08 diciembre 2009

Raúl: como Dios, su nombre tiene cuatro letras

Justo hoy que llueve con más fuerza, que tus compañeros ahora son tus peores enemigos, que empiezan a caer los records de presencias y anotaciones, que aquel frío octubre de Zaragoza queda tan lejos… justo hoy la leyenda cobra más fuerza.

Mil rotaciones, otras tantas batallas, tantos aliados, hojas rellenas en prensa… y la historia parece que toca a su fin. Pero no, el alma del guerrero nunca descansa y aún en la sombra, sigue teniendo ansias de victoria. Aún no está dicha la última palabra.

Raúl González Blanco, el 7 del Madrid (con permiso de algunos grandes) y el 7 de España sin discusión, afronta uno de sus episodios más difíciles actualmente. No dudamos de su caracter para como siempre, salir airoso.

Ese futbolista extraño que no sabe hacer nada a la perfección, pero que todo lo hace simplemente bien, cuenta con una hoja de servicios espectacular que merece mucho más respeto que el que la historia le ha dado. Un fútbol de calle y campo de tierra portado por todo un señor en la cancha que no da que hablar fuera de ella. Simplemente juega, suma y sigue, no entiende de medias tintas y lucha cada minuto para que no sea el último.

Le relegaron a posiciones atrasadas en el campo, enterraron su cuchara, perdió su velocidad, tal vez el remate, pero aumentó en las ganas de batirse contra el mundo. Ni los videojuegos entienden tu fútbol. Ahora que ganaron esa Copa, sabes que es tan tuya como de ellos. Fuimos a mil batallas y perdimos tan sólo unas pocas, aún así, no tuvimos la suerte de estar en el sitio y momento adecuado. Hoy sólo nos queda seguir imponiendo nuestra ley.

Siempre quedará en ti aquel barrio. No conviene olvidar que empezaste en el Atlético de Madrid, ¿por qué hacerlo? pero el Real Madrid no robó, ellos olvidan que te marchaste puesto que se cepillaron su organigrama de cantera. Los grandes clubes saben aprovecharse de eso y tú, como el más grande, tenias que jugar para el club franquicia del mundo y de la historia.

Desde que tengo un uso de la razón coherente estás tú. Aún recuerdo viéndote en la tele dándole patadas a un balón estrellándolo contra la pared de tu casa, en lo alto, una ventana minúscula y altísima tapada con un ladrillo. La vida en Marconi nunca fue fácil.

Al tiempo llegaría el debut en Zaragoza, no lo esperábamos y tal vez por eso hubo precipitación y fallos, pero tuviste tiempo de dejar tu semilla. Los frutos no tardarían en llegar: el primer golazo al Atlético y unos números históricos en pocos años. El Ferrari arrasaba rompiendo las velocidades de crucero de cualquier otro jugador.

Sin lugar a dudas, mi Real Madrid es el tuyo y no lo concibo sin ti, capitán. Es abrumador leer tu palmarés e imposible de recordar, por eso tan poco nos dice tanto: Raúl. Paisano y compañero de generación, seguimos entregados a tu carisma.

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