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Cerrado por obras

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Louis de Poudereux on Facebook

El grifo

Finalmente también participamos en el certamen Ser Allan Poe. He adaptado mi relato El grifo y será de la partida. En este escrito podemos encontrar algunas notas del característico humor del autor, formidable, ya que este se encuentra incluido en un género complicado como es el del misterio.
En este certamen pedían que el trabajo tuviese alguna relación con Edgar Allan Poe, espero que hayan sabido encontrar las referencias en mi texto...

El grifo


"-Que grifo más bonito había elegido en la tienda de saneamientos para el baño auxiliar. Dijo el padre sintiéndose orgulloso.
La casa, que hasta hace poco era de renta antigua, estaba en estado de ruina parcial y en una situación precaria. Pero después de perecer sus ancianos inquilinos la vivienda salió a subasta, y aunque el precio fue mucho menos de lo que realmente puede valer, ya costó un pico. El caso es que la casa estaba que se caía y por lo tanto la restauración fue ardua y duradera. Inicialmente pensaron en dejarse unos ahorros, aunque definitivamente pensaron que bueno, es una vez en la vida y no se tenían que privar. La casa con 4 habitaciones, dos baños, terraza, balcón y solarium, salón con barra americana, cocina y despensa estaba muy bien compensada. Básicamente hubo que pintar todo, un poco de escayola, poner el suelo en condiciones y comprar todo nuevo. Pero lo que más trabajo llevaba sin duda era el baño auxiliar. El principal iba fino y también tenía lo suyo pero el que se llevaba la palma era el chiquito. Aunque pensaban que no lo iban a utilizar en demasía, no era cuestión de acondicionar todo y dejar ahí el agujero negro, aunque la verdad es que al final y no se sabe bien porque, aunque nuevo, el color predominante de este destacamento no fue otro sino el negro. Los sanitarios fueron negros y de fondo una pintura grisácea que hacia del baño uno de los más vanguardistas que se pudiesen encontrar. El caso es que el grifo si era bonito, de cuello de cisne, negro azabache y con las ruedas doradas. Inconscientemente, al entrar a vivir a la casa ni se dieron cuenta que el baño que más utilizaban era este y que incluso estando el otro vacío hacían cola en la puerta del pequeño aseo esperando para entrar. La estancia en el nuevo hogar era muy feliz y todos se sentían muy orgullosos de haber conseguido y poder regentar una morada tan maravillosa.

Un día por la noche, la familia veía la tele en el salón con la luz apagada. Algunos miembros seguían con atención el infumable programa y otros dormitaban ante la cómoda situación que el sillón orejero les ofrecía. El perro samoyedo, conocido por todos con el nombre de Martiañez, también dormía acariciado por la cómoda alfombra de piel de tigre tirada a los pies del sofá. De pronto, el animal pegó un bote y salió disparado a la puerta. La rascó un poquito y empezó a ladrar.
-¡Martiañez! ¡Vaya susto, caray! Los miembros que estaban dormidos protestaron.

Los días transcurrían en la vida de la familia feliz con su cotidianeidad. Así de esta forma, y en una noche cualquiera de la semana siguiente, la familia se encontraba en la misma instantánea que la mayoría de las noches de todos los días. Aquel día antes de que saltara el perro, la puerta se abrió, trajo un soplo de aire fresco y se cerró. La familia corrió hacia allí pero no había nadie. El perro esta vez parecía enloquecer dando vueltas en circulo. El cabeza de familia tranquilizó al resto comentando que esto a veces pasa y que las bisagras también fallan, prometió que al día siguiente lo miraría. Estaba más acongojado que ninguno, aunque el miedo le permitía aun seguir siendo dinámico, no era cuestión de sembrar ningún signo de alarma. A la noche siguiente todos habían olvidado el incidente del día anterior y estaban prestos a entregarse a su actividad nocturna tan poco provechosa. Juan, cabeza de familia, que había mirado las bisagras como haciendo el paripé, no descansaría igual esa noche. Algo extraño le atormentaba y le hacia ir al baño más de lo habitual. Después de un par de horas, todo estaba igual y su cuerpo había empezado a relajarse. Justo antes de acostarse, fue al baño por cuarta vez y al ir a rodear con su mano el pomo para hacer el juego y abrir la puerta, esta se abrió y le permitió la entrada. Realmente estaba tan cansado que entró como si fuese lo más normal. Ya dentro del aseo, se despertó como de repente y se asustó al sentir la puerta cerrarse sin tampoco haberlo hecho él. Sintió pánico y por un instante pensó que le habían dejado encerrado en el baño sin posibilidad de salir. Pero no, empujó y la puerta se abrió. Un nuevo revuelo aunque esta vez nadie le creyó. Los tubos alcoholizados que ingería a veces el cabeza de familia por la noche hacían que tuviese poca credibilidad en algunas ocasiones. Pero aquella noche fue de picos pardos y quizás por ser sábado noche allí no dejaba de oírse la puerta de la calle, se tranquilizaban pensando en la sugestión.

Marcos, el benjamín, había llegado tarde de la escuela y tenia hambre. Después de comer se acostaría un rato en el sofá. Todo esto no era nada nuevo. Todo el cansancio se le olvidó al poder estirarse todo lo que podía y ocupar en su totalidad el sofá negro. Entregado al sueño, su relajación fue total, tanto que llegó incluso a sentirse tan a gusto que pensaba que alguien le acariciaba la cara para ayudarle a conciliar el sueño. A veces solo le venia un ligero olor a azufre que finalmente también asoció al sueño y a la situación.

Aunque María insistía todos los días que una voz le daba las gracias cada vez que tiraba algo a la basura, los siguientes días pasaron de nuevo con tranquilidad aunque el habito de ver la tele en familia había pasado un poco a segundo plano.

Después de más de 4 horas ante el ordenador y de estar ya un poco cansado y con hambre, Marcos se levantó, se dirigió a la cocina, atacó la nevera y pasó por el baño. Al abrir, un pequeño susto, su padre estaba dentro:
-Perdona, papá, creía que estaba vacío. Voy al otro. Acertó a decir ruborizado. Pero al chico la actitud del progenitor le pareció extraña. Estaba semiagachado mirando al grifo de la pila desde abajo, así que decidió espiarlo durante un rato. De repente Juan accionó el grifo y empezó, lógicamente, a caer el agua. Lo cerró y se apartó hacia el lado del bidet. En ese instante una extraña figura comenzó a brotar del tubo. Era una especie de gnomo que se descolgó por el grifo, hizo slalom por el pie de la pila y dando un simpático brinco saltó por la ventana. Marcos no pudo contenerse y entró al baño. Padre e hijo se miraron atónitos sin mediar palabra. Al día siguiente, Marcos experimentaba en el baño. No estaba asustado sino que quería un muñeco de esos tan graciosos para él. Siguió el mismo procedimiento que el padre, pero allí no había nada. Después de esperar un rato, aburrido salió del baño, se quedó parado en el quicio de la puerta y observando a su derecha sostuvo una mirada viva y llena de sangre en la oscuridad: era La Muerte. Su guadaña cayó como un relámpago y le rebanó el cuello al pequeño. En el suelo volvió a sentir la caricia y el olor a azufre. Al abrir los ojos, lucifer le susurraba al oído:
-Guapo.
Era tan temprano que aún quedaba tiempo para que los demás despertasen. A estas horas el grifo, que se había abierto solo, borbotoneaba extraños y peligrosos seres por toda la casa: trasgos, chuckys, gremlins, sanguijuelas gigantes, diablos, efrits, zombis, políticos, dráculas, brujas…la destrucción total era un hecho.”

Louis de Poudereux

Vortex

Aquí está Vortex. Con este relato participamos en un certamen asturiano. Imagino que aún quedaran errores pero es difícil revisar 10 páginas sin fallo, mucho más que medio folio. Pero este es el problema de no tener potentes correctores o un editor. La idea y el desarrollo del relato no ha cambiado, simplemente se ha corregido ortográficamente, se ha mejorado la puntuación, la gramática y se ha reordenado sintácticamente.
Siento que puedo mejorar, me gusta la idea pero creo que el desarrollo de esta historia se encuentra un poco atascado en varias ocasiones. En todo caso este relato pertenece al comienzo de mi creación.
Seguimos.

VORTEX


“La dura jornada de trabajo había finalizado y ya solo tenia ganas de regresar a casa. Era el único aliciente que tenia en su ajetreada vida. A veces, el camino de vuelta al hogar se hacia si cabe más pesado que la propia jornada laboral. Mismo vagón, mismo autobús, mismos lugares y misma gente. Un pequeño vortex dentro de un gran vortex, día de la marmota, solo dentro de la multitud.

De vuelta a casa nadie esperaba, ni siquiera un perro que le destrozara las cortinas. Basura en la puerta y nada para cenar. En ocasiones, le apetecía charlar con alguien mientras tomaba algo, pero desde que perdió esa posibilidad desapareció el apetito y eso que ya había adelgazado 10 kilos en un mes. La soledad era total, preocupante y demasiado familiar.
-Se pierde el paso del tiempo cuando no hay esperanza. Esta ciudad no es la mía y me siento muy triste. Incluso intimidado. Pero prefiero jugar en terreno neutral a hacerlo de visitante. Yo me entiendo ¡Parece mentira que no haya nada para mí en este lugar! Todo el mundo tiene su sitio, su espacio. O eso parece ¿Que hago si no me gusta bailar, ver tele, Internet, la música o tantas otras cosas más? No me gusta estar solo y lo estoy. Esta claro que uno no siempre elige su destino. Entonces, y con estas divagaciones, solo quedaba convertirse en un acróbata del sueño y entregarse a los brazos de Morfeo…

El sueño le arrebató bruscamente de los brazos de su realidad y le estrelló contra la violencia más dramática. Desde ese momento, todo se tiñó de rojo y negro. El miedo atenazó sus piernas y aunque hacia por caminar, no avanzaba. Escuchaba sollozos constantes en su cabeza pero no sabia de donde venían. Había caído en lo más profundo del dramatismo. Cambió levemente el panorama y cayó en el centro de la noche, en un lugar lleno de niebla, calima y humedad. Ahora si caminaba. No tuvo tiempo para pensar que dirección tomar, por lo tanto solo siguió al frente. El camino picaba en cuesta y el frío era cuanto menos interesante, muy bruto. Tuvo por un instante la capacidad de pensar si estaba soñando, pero el terror le sobrevino de golpe cuando, caminando, observó sus piernas ataviadas con el mismo pijama con el que se acostó. Algo extraño pasaba con su vida. A lo alto del repecho en el que se encontraba, se atisbaba un cartel. Quedaba claro que no conocía el lugar. Sin embargo, las indicaciones de aquel cartel si le resultaban familiares. Se sorprendió. En ese mismo lugar y en ese mismo instante se hizo la luz, siempre de rojo, pero esta vez ligeramente tenue. La luz de un coche que cruzaba la carretera aceleró de golpe y le envistió con certeza y brusquedad. Cayó de bruces al suelo. Pasó un minuto y no tuvo opciones de ver la huida del auto. Sintió escalofríos pero tuvo la gallardía de mirarse de arriba abajo para comprobar con estupor que no tenía piernas. Se mareó y cayó inconsciente, pero el dolor no le dio tregua…

Aterrizó nuevamente de golpe en un lugar totalmente desconocido de una manera un tanto forzosa. Largo túnel y dos aceras, en el medio aguas fecales. Quería andar, pero nuevamente no podía y eso que había recuperado sus piernas, lo que le dificultaba el paso en esta ocasión eran unos inmensos grilletes que prácticamente crujían sus tobillos a cada intento de dar un paso.
Quien sabe como habían llegado allí, pero ahí estaban. Cayó de rodillas exhausto por el esfuerzo con la mala suerte de acabar su boca justo al lado de un trozo enorme de excremento. Estuvo más de una hora vomitando. No obstante, una fuerza extraña le impulsaba por lo que una vez más logró levantarse de una manera estoica. Con fuerza, intentó arrastrarse hasta un saliente que pensó podría encaramarle hacia una posible trampilla que quizás le diese la salida. Cuando tocó aquella manija, una rata gigantesca del tamaño de una ballena irrumpió del agua, le encajó un mordisco en la mitad de su cuerpo y lo engulló hasta la nuez dejando su cabeza sobrevolar hasta una alcantarilla enorme que daba al exterior. La testa tardó varios segundos en caer por el impulso sin saber donde iría a parar hasta que irremediablemente cayó. Al hacerlo, un extraño acto de magia, contorsionismo o brujería le devolvió su cuerpo y con su pijama, dato este importantísimo. Eso sí, los signos de dolor y de cansancio eran sin duda muy ciertos…

Y continuó el proceso. Esta vez se vio en lo alto de las almenas de un castillo. El color del paisaje había fluctuado y en este momento tan solo era gris. Por un momento, recordó el respeto que le infundaban estas construcciones. Volvió a mirarse hacia abajo y descubrió que se había orinado. Al menos sintió calor pero algo había de extraño, olía demasiado mal. Poco a poco, comenzó a fundirse, el mismo se había envuelto en ácido. En segundos, había desaparecido de la superficie, sin dolor, sin gritar. Su orina no era tal, sino un disolvente muy potente. Pero seguía sintiendo…

Entró en una espiral de colores. Increíble contraste que hizo que se quedara ciego. Ya no sabia donde estaba, no veía... De repente, una voz le gritó al oído…¡¡¡¡¡MIEDO!!!!! Pero no se asustó. Siguió caminando y escuchó más…¡¡¡¡¡TE QUEDA POCO!!!!! No quiso parar y cambió el paso…¡¡¡¡¡DAME LO MÍO!!!!! No pudo más, se doblegó y cayó nuevamente produciendo un horrible chasquido al impactar sus dientes contra los adoquines. Lloró y lloró inconsolablemente mientras se tocaba la cara…sus dientes habían cambiado de lugar, quizás pensaban que en el suelo estarían mejor. No quedó ahí, empezó a soltar sangre a borbotones por su traquea, mientras que sufría arcadas y descomposición material que le haría perder una vez más el conocimiento.

Pero una vez más despertó. Y al parecer era el mismo lugar. Si que lo era. Recuperó la vista y le impactó una luz de quirófano en el rostro. Sintió un tremendo pinchazo en el abdomen y pudo entender rápidamente que le estaban operando sin anestesia… ¿Operando? Sintió que le habían rajado de arriba abajo, miró a su derecha para comprobar que una calavera le había extraído un pulmón, después lo engulló y salió corriendo. No pudo levantarse.

Por fin tuvo un momento de paz. Parecía dormido pero no lo estaba. Andaba en un viaje astral. Primero despegó suavemente, casi con gusto, para después de llegar muy arriba caer de golpe como empujado por una fuerza espacial. Esta vez si gritó, pero al llegar a la superficie, escarmentado, puso primero los pies.

Pasó al lado de un espejo y comprobó que ya no era él, aquel era un tipo más bien moreno y también más guapo, si. Pero sentía que era él. Si, en su complejo era la persona que siempre quiso ser. Aquella persona hacia las cosas con seguridad. Pero tampoco estaba en un ambiente positivo. Había un olor montaraz, a azufre…y sentía que estaba lejos, muy lejos. Al fin, vio a alguien después de tanta soledad. No podía apreciar la silueta, solo una sombra negra que parecía tener un rostro muy blanco. Aquella figura caminaba como encorvada, pero a gran velocidad, cargaba un utensilio que desde su posición no podía apreciar. En esas, apareció otra figura, se cruzó con la oscura sombra de la carita blanca y en el lance salió ilesa. Esta otra figura si se apreciaba con claridad. Era una mujer preciosa que andaba vestida con un encanto especial. ¿Que sentido podía tener? Quizás era la mujer con la que siempre soñó. O quizás aquella amiga de la infancia que murió súbitamente hace dos meses y con la que se había ido a vivir el último año y que cada vez le atraía más. No lo se, pero desapareció de repente. La primera sombra se le acercó, el utensilio era una guadaña. Joder. Le miró, pero pasó de largo, no le hizo aprecio. No era su hora. Al menos, en este lugar, no le pasaba nada.

Quedaba más. Su vista le sorprendió nuevamente con algo si cabe más impactante aun: su hermano. Hacia 6 años que no le veía y estaba igual, apretó a correr para abrazarlo ¡Por fin una alegría! Como un ciclón la muerte apareció con la misma guadaña y antes de abrazarse cortó la cabeza del muchacho que acaba de aparecer en escena...

En este instante, y sin saber como, se vio caminando con un inmaculado traje blanco precioso y de una sola pieza por una playa desierta. Esta vez, sentía un dolor inmenso por la pérdida de algo, aunque no sabía bien el qué. Por primera vez, pensó en lo que estaba sucediendo desde que cerró los ojos buscando nada más que un poco de descanso. Estaba dentro de un vortex brutal y violento que no sabía si era sueño o realidad. No podía creer que lo diría o que lo pensaría pero justo en ese momento echó de menos su vida habitual. Si, esa estancia triste y vacía ahora no le parecía tan mala. Entonces miró su muñeca y comprobó que aún conservaba su reloj, aquel indicaba que llevaba 20 días fuera ¿Entonces no he muerto?

Hasta en la muerte hay descanso y este parecía uno de ellos. ¿Pero realmente había muerto? No creo, no se puede sentir tan fuerte estando sin vida… ¿Y un sueño? Jamás había vivido algo así. En esas andaba cuando se vio observando un día gris a través de una ventana. Quería cambiar la vista pero no podía, solo podía mirar al exterior. Con todo lo que había vivido hasta el momento fue curioso pero fue justo en este momento cuando sintió el miedo mas agudo de todo su extraña reciente vivencia al ver acercarse una extraña nave. Venia dejando explosiones y nubes de fuego por todo su recorrido aunque realmente estas eran bombas que estallaban con una violencia inusitada. Salió de una puerta exterior y solo acertó a correr. Cuando al fin cambió la vista, vio otra nave extraña. Y al volver a correr en otra dirección, otra nave más…y todo bajo la banda sonora de baterías antimisiles. Era el terror de la guerra, uno de sus mayores traumas psicológicos. Y era una guerra diferente. O no. Sólo que no lo había vivido, no sabía como era. No había cobijo, no había salida…no llegaba a morir en está experiencia pero sentía algo incluso peor: miedo, incertidumbre…En un momento dado, dejaron de sonar los disparos y el sonido se convirtió en música celestial para sus aturdidos oídos…

El silencio quedó roto de forma gradual. Ahora escuchaba gemir a una mujer que realmente parecía estar muy cerca. Tanto que estaba encima de él, estaba haciendo el amor. Vaya. Pero desapareció y volvió a sentir un dolor terrible. Era la mujer más bella que había visto en su vida y lo mejor es que era suya. Lo peor fue es la había perdido también sin saber como.
-Dios, nunca encontraría otra igual, pensó atormentado. Pero en un lugar desconocido la volvió a ver.
-Tranquilo. Le dijo.
-OK. La abrazó como quien ve su salvación al final de un túnel. Con todo olvidado se sintió muy bien e intentó seguir hablando. Creía que lo hacia al menos. Si, realmente lo estaba haciendo pero aquella mujer no contestaba. Que desespero.
-Oye…oye ¿Estas ahí? Dios. Su grito se desvanecía en la inmensidad… Aquella hermosa mujer se volvió a desvanecer.
-¡Si estoy solo! Pero volvió a aparecer entre sus brazos. La alegría no duró, ya que aquella estrella fugaz convertida en soberbia hembra esta vez adoptaba una extraña reacción tirando de sus piernas hacia abajo.
-¿Que haces? Seguía haciendo fuerza.
-¡Para! No pudo soportar su peso y se le cayó. Se arrodilló frente a ella y comprobó con dramatismo que aquella mujer yacía ya sin vida…

No quedaba tiempo para pensar en nada más. Las emociones se servían calientes y no daba tiempo a que se enfriasen en el plato. Ahora se vio de niño. En esta situación tenia memoria y lo que recordaba es que había llovido mucho. Estaba jugando en un descampado, con las manos quitaba barro de la superficie y encontraba texturas de papeles apelmazados. Cada vez el agujero se hacia más y más grande hasta que irremisiblemente cayó por él. De nuevo volvió el olor a azufre, lo sintió en ese instante. El cancerbero le salió al paso.
-¿¿Donde vas?? Preguntó con voz grave y tosca.
-No se. Respondió con una curiosa mezcla de miedo y pasotismo.
-Pasa. La mitológica criatura no bacilo ante su presencia.
Tomó el camino sin saber donde le llevaría de forma contundente, aunque bien es cierto que su caminar era lento y temeroso. El cancerbero le impresionó, la leyenda cobró vida, pero no era la única: allí también había momias, trasgos, orcos, vampiros, etc. El camino llevaba a Satán, este sólo le dijo hola y se marchó, pero volvió.
-Ah, y no escarbes la tierra. La voz del Demonio retumbaba la estancia. Se sintió con fuerzas para responderle y le dijo:
-Si solo soy un ni…Pero no, acabó prematuramente su frase, el no era un niño, era aquel mismo hombre que recordaba y así se marchó.

Echaba de menos no ver a su amigo de la infancia con el que hablaba amenudo por teléfono, pero la distancia era tal que por el momento no podían encontrarse. Sin saber cómo, el consiguió venir en ese instante. Ya hablaremos cuando nos veamos, le dijo. Pues hoy era ese día. Bajó de su coche y sin mediar palabra su amigo le pegó tal puñetazo en la cara que le rompió la nariz. Nuevamente no pudo hablar pero si que acertó a conectarle una hermosa patada en el esternón al amigo que hizo que este cayera fulminado al suelo. Entonces aquel se levantó y le atizó un punterazo en la rodilla, la que sabía que tenia maltrecha desde pequeño, con rabia inusitada. Le repelió la agresión con un brutal cabezazo en la frente e hizo que una vez más, desapareciera de este lugar…

Salio de allí con memoria y con más dolor. No sabía por qué le pasaba esto, pero no llegaba el final de y ya no tenia ni fuerzas para llorar. Siguió viviendo amenazas que no podía recordar, luego asesinatos sobre gente que amaba, entes con formas monstruosas, tragedias, encuentros de fútbol en los que partían sus piernas, naufragios en alta mar, cayendo de un rascacielos, sufriendo atentados colectivos… pero para todo hay un final y este acabó llegando de forma espontánea. Sonó un despertador muy lejano al principio pero que luego atronó su oído.

-Ah ¿Pero estaba dormido? ¿Donde estoy? Sintió angustia y alivio a la vez. Pues nada más y nada menos que donde siempre. Aquella decoración trasnochada, la misma mesita de madera roída, el goteo eterno de la cisterna, la tos del vecino del lado… hogar, triste hogar. Recordó gran parte de lo sucedido… ¿Sucedido? Era solo un sueño.
-Me parece que tendré que empezar a quererme un poco más, al igual que a mi vida. ¿Quien soy? Alguien anónimo, como mi historia. Al menos soy feliz de no tener que preocuparme, solo de vivir. Y lo más importante, mi mente me ha dado una lección. Una lección para no quejarme nunca más de lo que tengo. Siempre hay algo peor y yo lo he visto, varios ejemplos, lo he visto pero no lo he vivido. Parecía que se convencía con toda esta serie de divagaciones positivas que pararon de golpe al ver su pierna izquierda bañada en sangre…”

Louis de Poudereux

Real Madrid: la historia se tambalea

Tal vez solo sea necesario recordar el resultado para definir brevemente la situación de un ridículo execrable: Alcorcón 4-0 Real Madrid.

Las consecuencias de un resultado así son mucho más contundentes que la importancia relativa de un partido o de incluso tirar por la borda una competición a las primeras de cambio: hablamos de humillación, de vejación, de pérdida de valores, de guerra interna… hasta de fin de una historia. Pero no de una historia que se puede renovar cíclicamente, no. Poco a poco, el Real Madrid está perdiendo su nombre, su valor, el sentido de su escudo y parte de su legado centenario. En los últimos tiempos esta consiguiendo hitos históricos siempre desde el prisma negativo. Dos, tres, cuatro generaciones de aficionados blancos no han vivido la sensación de ganar una Copa. Se acumulan ridículos ante equipos de Segunda B formados en su mayoría por plantillas amateur. Aquí la comparación entre David y Goliat no sirve, de un punto a otro va un mundo. En la Copa de Europa se acercan los rivales en cuanto a títulos se refiere y después de muchos años los fantasmas se presentan en blanco y negro según suena la sintonía de la Champions. En la competición domestica la cosa tampoco pinta muy bien, huele a cambio de ciclo y eso es muy grave, más cuando la institución acaba de invertir casi 300 millones de euros en fichajes. Todo ello para acabar, a los dos meses de competición, comprobando que el equipo es Cristiano Ronaldo y poco a más.

No creo que sea necesario hacer una crónica del partido de ayer. Solo comentar que en el campo esta vez no había ni jugadores juveniles ni canteranos ni tan siquiera descartes. Allí estaban Albiol, Arbeloa, Benzemá, Guti, Raúl… la situación no da para más. Muchos piensan que el equipo y las incorporaciones daban para dominar a medio gas, pero no es así. Insisto una vez mas en que algunas incorporaciones no eran necesarias, otras llegaban tarde, las bajas quedaron muy mal seleccionadas y algunos que se quedaban era como para no creérselo.

No sirve poner en la calle a Manuel Pellegrini. Creo que se trata de un buen técnico que nunca podrá demostrar su valía en nuestro club. Quizás pueda servir una medida drástica: echar inmediatamente a Drenthe y a 4 o 5 jugadores más y reestructurar un tanto las parcelas ejecutivas y técnicas del club. Todo esto a no ser que salga alguien diciendo que la temporada es de transacción… Cosas más raras se han visto.

Realmente (y cuando en el primer mes de competición la prensa decía que nos íbamos a aburrir mucho puesto que el Barcelona y el Real Madrid estaban tan por encima de los demás que nadie les iba a poder ni empatar) ¿El trabajo del verano ha sido tan nefasto como para estar así a las primeras de cambio?

Oraá

Pensaba que no, pero afortunadamente estoy encontrando más concursos y certámenes gracias a Escritores.org. Oraá es una historia cotidiana y muy común en la que seguro muchos podrán sentirse identificados. Este relato participa en el 14º Certamen Joven de Valdemoro.

ORAÁ

-¿A que no? ¿Cómo que no? ¿Yo más? ¿Si o no?
-Bueno, pues tendrá que ser que si. Jo, que tipo más tonto, pensaba en su interior. Siempre con lo mismo, es que no lo aguanto. Solo por apellidarse Oraá ya es más que yo y tengo que aguantarle…”Que si mi apellido suena a fuerza, que si es diferente, que si esto, que si lo otro…”

Lo cierto es que eran simples discusiones de chiquillos sin problemas. En su entorno la infancia reunía todos los atenuantes para desarrollarse y crecer sin problemas ni miedos. Pero lo que no faltaba era el niño que se empeñaba en hacernos la vida imposible. El que le quita el bollo en el colegio al otro, el que contesta, el que es superior a los demás por sabe Dios que extraña razón…Y a uno de estos últimos es a quien tenia que aguantar López. Y por eso, por apellidarse López. Si, algo tan común no podía compararse al inigualable Oraá. Le tenia frito. Era ridículo ver a aquel tipejo sentirse lleno de orgullo al llamarle la maestra por su apellido aunque fuese para reprenderle.
Durante largo tiempo se llegó a agobiar por esta absurdez e incluso lo pasó mal. Que cosas las de los niños.

López y Oraá crecieron y aparcaron esta divergencia, aunque el caso es que nunca dejaron de discutir y competir. López, un tipo de naturaleza simple que no mediocre, era un tipo conformista que no aspiraba a mucho más que cualquier hijo de vecino. En cambio, Juan Manuel Oraá era de miras mucho más altas, pero lamentablemente no a base de esfuerzo sino de boquilla. El caso es que la vida les mantenía por caminos semejantes y cursaron todo su ciclo formativo juntos. Tras aguantar López todo el verano a su vanidoso amigo Oraá con el tema de que sus notas habían sido mejores que las suyas, al llegar octubre y ya en las puertas del mercado laboral, López trabajaría en una sucursal del Banco Hispano Americano mientras que Oraá lo haría en una de
Monte de Piedad. Para que más. “Que si Monte para aquí, que si Piedad para allá” o “que el Hispano Americano no se que, que si el Hispano no se cuantos”. Realmente a López, Oraá le seguía pareciendo un chiquillo. Lo recordaba por las noches y se mordía los labios de rabia. Pero que tontería comparar un banco con otro. Bancos y ya está, se repetía López. Pero así iba a ser
siempre fuese lo que fuese y tanto que el tipo comparaba hasta la belleza de las chicas con las que salían siendo siempre las perdedoras las de López, por supuesto. La cuestión es que López pudo haber sido cura, obispo o sacerdote, ya que su paciencia era infinita. Nunca le pegó, nunca le insultó, ni siquiera le contestó airadamente, jamás. “Real, yo del Barça. Playa, no, montaña. Blanco…negro. PP, PSOE. Mclaren-Ferrari. Morena, pues rubia. Me gusta la carne ¿Dónde vas a parar? El pescado es mucho mejor. The Beatles ¡¡¡Rollings!!!.” Así hasta la eternidad…Lo triste era seguir con un individuo como él, pensaba una y mil veces López. Pero no se lo podía quitar de encima. Realmente López era la pieza que le faltaba a Oraá para ser feliz, pero este lo desconocía. López pensaba que era su cruz particular, que simplemente le tenia que tocar estar con ese tipo porque si. Sin embargo, la realidad para los dos era que cuando no estaban juntos se echaban de menos, pero cuando se volvían a ver todo volvía a ser igual. Polos opuestos, supongo.

Un día López se casó. Oraá lo hizo poco más tarde. Esta vez no comparó a las mujeres, quizás por algo de vergüenza ,aunque la suya siempre le pareció mucho más interesante, pero si que comparó la iglesia, el salón y hasta la vestimenta de los invitados de ambas celebraciones. Pero quien se iba a enfadar a estas alturas, total, ya todo esto solo eran futesas. Después de todo este tiempo López ya se había resignado.

Con el pasar de los años y después de mucho esfuerzo, López había conseguido en propiedad más de la mitad del patrimonio del Banco donde había trabajado siempre. Oraa había hecho algo parecido en el suyo ¿Adivinan el nuevo órdago lanzado por este último? “Yo más”.La jubilación llegó antes para López. Oraá le reprochaba que era un vago. Después llegaron los nietos. Los de López no eran tan guapos…

Pero un día, todo llegó a su final. De muerte natural, Antonio López falleció a los 93 años de vida después de una vida feliz y sencilla. Oraá pensó entonces: “Vaya, este tío me ha vuelto a ganar una vez más.”

Louis de Poudereux

Volvogrado

Nuestra siguiente parada nos lleva a Cuba. Lejos de nuestras fronteras hemos encontrado concursos donde poder seguir mostrando nuestras ideas. En esta ocasion enviamos "Volvogrado", una radiografia de un estado de sitio.

VOLVOGRADO

“Tiempo de una ciudad, gris de frío, campanas de duelo y fulgores de metralla en el declive del día: es Volvogrado. Ya no se esperan ilusiones ni esperanzas.Volvogrado es una bofetada en la cara para despertar del sueño del mundo consumista, es una ciudad de otra generación dentro de un pueblo radicalizado. Aquí los perros tienen más hambre y las sonrisas quedaron hundidas debajo de las alcantarillas mientras el óxido y el olor a orín del fondo de aquel callejón monopolizan el panorama principal en la visión del transeúnte. El bar está vacío y el tren tarda en llegar, ayer cerraron otras dos fábricas del viejo polígono y se marcharon al país vecino. Volvogrado, de la familia Grado de toda la vida, pierde su identidad. Como a Saturno, sus hijos se la devoran mientras con la mirada perdida piensa en tiempos mejores. Lo tenías Volvogrado ¿Que ha pasado? Ya no oyes cantar a los niños en tus calles ni tampoco gritar a sus padres los goles por las esquinas ¿Donde fue la alegría? ¿Se la llevo aquel? ¿O quizás fue ese otro? Vuelve Volvogrado, vuelve aunque no esté en tu mano.”

Louis de Poudereux

Nudo de autopista

El primer relato de la temporada que sale a la luz ya está aqui. Participa en el Concurso de microrrelatos La Oveja Negra (Argentina).
Espero que os guste.

Nudo de autopista

“O tan extraño como tal. Similar también al “creo llegado el momento y me tendréis que excusar”. La carretera y el raíl se vuelven monótonos al paso de las ciudades, de no mirar al frente todo parece igual: igual de gastado, igual de manchado. Un silbato se funde con la canción de despedida del momento. Esta calle parece la misma que la de aquella ciudad ¿Aquella ciudad? ¿Donde estamos? Sólo sé que mi casa es el camino.”

Louis de Poudereux

Divagaciones literarias

Estoy metido de lleno en esta nueva temporada literaria. El objetivo es, como sabéis, volver a revisar antiguos trabajos y corregirlos, ya que estos tienen cantidad de errores tanto ortográficos como de sintaxis.

En esta ocasión, estoy metido con “Vortex”. Este es un relato de terror, el primero que hice, en el que al protagonista le pasan todo tipo de desgracias mientras duerme. Realmente lo estaba preparando para el certamen que promueve la Cadena Ser en honor a Edgar Allan Poe, pero mi trabajo quedaría fuera de trabajo por extensión y tendrá que esperar un poco para ver la luz.

Con este primer análisis me queda una sensación agridulce. Por un lado veo que el relato trabaja una buena idea y remata con un gran final, pero el nudo transcurre atascado y con un indebido uso de las reglas de puntuación. Afortunadamente todo eso es corregible. En el lado positivo descubro que me doy cuenta de todo esto y que tengo margen de mejora. Es decir, noto que sigo aprendiendo cada día.

Por otro lado, el calendario de certámenes en este mes de noviembre está un poco cerrado para mí. Este certamen mencionado de la Cadena Ser era prácticamente el único en el que iba a participar por lo que seguiré buscando nuevos objetivos. Aunque hay muchos certámenes, quiero recordar que Louis de Poudereux solo participa en concursos mediante correo electrónico. El pensamiento está en que el arte cuesta dinero, por lo que encima de que no lo ganamos, no queremos perderlo en labores logísticas que seguramente tendrán un resultado vano.